Ejercicio 1

Colabora en la escritura de un cuento a la antigua (a la muy antigua).

Instrucciones:

  1. Lee el cuento “La camisa mágica”, incluido en el material de trabajo.
  2. Recordando que, en la antigüedad, los cuentos se modificaban por acrecimiento –agregando y modificando porciones de los mismos, a veces a lo largo de siglos– propón una adición o modificación al cuento. Puedes ponerla en medio del texto ya existente, antes del comienzo o después del final.

Coloca tu adición, indicando en qué punto la agregarías, como un comentario de esta misma nota.


(Si no eres parte del grupo que participa en las sesiones en línea, crea tu propio cuaderno de escritura, donde puedas ir reuniendo los ejercicios que realices.)


Sesión 1 del taller de cuento

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

36 comentarios sobre “Ejercicio 1

  1. Soy Rodolfo
    Mi correo es: jrspinoza77@gmail.com

    El soldado miró a su alrededor y eligió un fuerte corcel y una camisa de tela gruesa. La camisa no era ordinaria, sino mágica: quien la usaba se convertía en un poderoso campeón.
    “Vaya que has elegido sabiamente, veterano. Este corcel ha estado aquí por cincuenta años (que son más de los que un caballo común suele vivir), tomando del agua de la vida y acompañándome en mi soledad. Incluso ha aprendido la ciencia de cambiar de forma. Te servirá bien, aunque te advierto que a veces suele traer intrusos humanos, lo cual es muy fastidioso, porque su sabor es horrible”.
    “Eso es porque no los has cocinado bien”, pensó decir el soldado, pero finalmente decidió sólo darle las gracias a su amigo. Ambos se despidieron. El dragón se retiró a dormir. Por su parte, el soldado fue con un rey, lo ayudó en una guerra cruenta y se casó con su bella hija.

    Me gusta

    1. Me parece interesante Rodolfo el hecho de explorar la elección del soldado, tal vez haber ido más allá describiendo los objetos que desechó. Por otro lado, divertido el hecho de que el corcel cual traviesa mascota le llevara humanos insípidos para cenar como gato con su dueño. Si acaso siento apresurada la narración del final, Mi humilde opinión sabiendo que esto de los talleres literarios es así, retroalimentar un texto cuando antes debemos mejorar el propio. Gracias por tu compartir, Araceli

      Me gusta

    2. Hola, Rodolfo. Me parece un paréntesis interesante el que planteas dentro del cuento de La camisa mágica. Me permites ver ahora un poco la personalidad del soldado y una actitud ante el dragón que no se veía en el cuento. Cuando pones que el corcel atrae humanos y que al dragón le saben feo, creo que eso me dio la sensación de que lo podías desarrollar un poco más. Y tu final se me hizo un tanto repentino, aunque también creo que queda clara la conexión que quisiste hacer con el resto de la historia.

      Me gusta

  2. …El soldado miró a su alrededor y eligió un fuerte corcel y una camisa de tela gruesa. La camisa no era ordinaria, sino mágica: quien la usaba se convertía en un poderoso campeón.

    “Has escogido sabiamente’’ dijo el dragón “Puedes quedarte a trabajar conmigo o partir, aunque te advierto que si te vas tendrás que averiguar por tu cuenta los poderes de la camisa’’.
    A pesar de que el soldado creyó conveniente preguntar al dragón sus dudas sobre la extraña prenda, decidió que ya era momento de probar suerte en otro lugar. Así pues, partió hacia el reino más cercano.
    Hambriento y cansado, vendió los botones de oro que antaño habían pertenecido a su padre y se hizo pasar por un rico mercader al que habían hurtado su mercancía. En el reino, la única que le ofreció asilo fue una mujer robusta y de frente amplia, que además de ser la esposa del joyero real, tenía predilección por la botánica.
    “El rey Sergey está en busca de su próximo heredero’’ dijo la mujer “Si accedes a hurtar un manojo de betónicas y me lo traes aquí en tu primera visita al castillo, le diré a mi esposo que te recomiende con el sargento’’.
    El soldado pudo entrar al castillo una semana después durante uno de los espléndidos bailes que ofrecía el rey, hurtó del jardín real las betónicas y fue nombrado sargento al poco tiempo. Así, mientras las estaciones pasaban el soldado fue ganando popularidad, gracias a su astucia e inteligencia durante las batallas. Lo que nadie adivinaba era que la maña y el intelecto se los concedía la camisa mágica.
    El rey, impresionado por las extraordinarias cualidades del soldado, vió en él la oportunidad perfecta de acrecentar las riquezas de su reino. Ofreció entonces la mano de su hija en matrimonio, que el soldado aceptó con gusto. La boda se celebró de inmediato, presentando al soldado como el próximo heredero al trono.

    Pero a la princesa le disgustaba estar casada con alguien de origen tan humilde…

    Me gusta

  3. Se sabe que durante la captura de Azov, en 1697, la historia de nuestra patria quedó a merced de dos zmajs, (Dragón de la mitología de la rusa eslava. Además de su poseer y sabiduría, estos son capaces de asumir diferentes formas, incluso de seres humanos) que se aparecieron a nuestro emperador, Pedro el Grande cuando tuvo una visión; no se sabe si producto de las fiebres que anticipaban la eventual necrosis de su vejiga, o de los sueños de grandeza que sus casi dos metros de estatura impulsaban. El zar debía emprender una misión diplomática para asegurar para sí el apoyo aliado contra el Imperio Otomano. Esta consistía en un viaje por la Liga Santa; los países cristianos de Europa. El primer país que visitaría sería Francia para convencer al rey de dejar de apoyar al sultán otomano. Sin embargo, en una visión nocturna se le apareció el primer Zmaj.

    El zmaj lo conducía a una muralla en Edessa, al este de Constantinopla y le mostraba un hueco tras una piedra en dónde estaba escondido “el Mandilón”; un manto blanco que había pertenecido a un Hombre Santo y que había sido objeto de disputas entre Oriente y Occidente. Le prometía que, de llevar consigo ese manto a tierra eslava y dejar su empresa, Rusia sería grande entre las naciones y él Grande en verdad. Pedro atendió las instrucciones del zmaj y cambió el rumbo de su misión. Se hizo, en efecto, del “mandilón”.

    En su camino de regreso la visión se repitió. Esta vez era un zmaj femenino de tres cabezas que le sugería fabricar con la tela del mandilón una camisa que lo haría invencible. Pedro decidió hacerse la camisa y regresar a su misión original; necesitaba completar su embajada para conseguir otro acceso al Mar Negro.

    Ya en Francia, y con toda la seguridad que le daba el creer vestir la camisa mágica en su cita con el rey, habló ante él con tal desplante que éste no solo lo despidió airoso negándole el apoyo, sino que lo amenazó con una cruenta derrota ante la Liga. El zar no comprendía qué había pasado, una hermosa mujer le había hablado al rey de Francia de la camisa en sueños y esta le había sido robada al zar por uno de sus cosacos quien la había intercambiado por otra una noche antes de su entrevista con el rey. El zar se enteró por un traidor y prometió 100 rublos a la persona de su comitiva que recuperara la camisa. Entre ellos había un soldado mayor y patriota quien fungía como cocinero. Supersticioso, orgulloso de su origen eslavo y prejuicioso de las costumbres europeas que el zar estaba adoptando estaba convencido de que esa camisa traería la ruina a Rusia. El soldado recuperó la camisa, pero no la llevó al Zar como debía, sino que, cambiándola por otra que también había extraído del palacio del rey de Francia, escondió aquella en la olla del regimiento. El soldado murió en los siguientes 6 meses que tardaron en recorrer Holanda e Inglaterra, pero el Zar cumplió su promesa y entregó los 100 rublos a su familia a su regreso.

    Se dice que una serpiente se escabulló en la olla y enrollada en su cola, sacó la camisa llevándola consigo por los escarpados montes de los Urales.

    Me gusta

    1. (María José Munguía, majo.munguia23@gmail.com)

      Me parece muy interesante el hecho de que directamente no abordas la historia del cuento sino que haces pequeños guiños a ella muy interesantes con elementos como la camisa, el cocinero, la serpiente. Es como una adaptación del mito con elementos realistas que le quitan la magia y dan un sentido “lógico” o “racional” a las creencias populares.

      Le gusta a 1 persona

    2. Me faltó aclarar que este acrecentamiento del texto correspondería al principio del cuento. Gracias por sus comentarios.

      Me gusta

    3. Hola, Araceli. Me parece que el inicio del tu texto es prometedor. La idea de dos dragones dominando la ciudad se me hace de gran potencial para desarrollar escenarios interesantes, pero creo que conforme el texto avanza, se pierde la idea e imagen de ese inicio con la información y datos y un nuevo planteamiento: el de la camisa que al zar, por lo que pude entender, en sueños le dijeron por los dragones en donde estaba y le iba a servir para enfrentar una situación política. Y por acá me pierdo un poco, no me queda claro, no sé si me falló la lectura, el momento en el que de la visión del zar en sus sueños de la camisa, esta pasa a materializarse y ya se encuentra, por decirlo de algún modo, dentro de la realidad del mundo que planteas.Es esta parte la me confunde:

      “El zar no comprendía qué había pasado, una hermosa mujer le había hablado al rey de Francia de la camisa en sueños y esta le había sido robada al zar por uno de sus cosacos quien la había intercambiado por otra una noche antes de su entrevista con el rey.”

      Y por último, me parece genial que mantienes un tono y una voz uniforme y que creo que van de acuerdo a los personajes y al contexto narrado.

      Por cierto, el cuento de La camisa mágica, estaba en tercera persona. Y cuando inicia tu texto, me parece interesante que en momento en el que dices “nuestra patria” cambias a primera tu narración. No estoy diciendo que sea algo bueno o malo, pero me pareció interesante.

      Le gusta a 1 persona

      1. Gracias por tu lectura y comentarios Jorge, efectivamente, en una relectura considero que la trama inicial se va perdiendo o desviando con los elementos más realistas de la política.También percibí que la segunda parte de la narración es más descuidada y apresurada. Mi impaciencia y no querer hacer el texto muy largo no me ayudan. La trama tiene una simbología sobre el orígen de la tela de la camisa, lo divino, el dragón femenino que tienta y la serpiente que sigue llevando la tentación del poder que da la camisa a futuros habitantes de la región. Saludos

        Me gusta

    4. Hola Araceli, es muy original la forma como entremezclas los aspectos fantásticos de la historia (los dragones, la camisa mágica) con lugares muy específicos y personajes históricos, como Pedro el Grande.La conclusión me parece muy apropiada dentro del estilo de narración mitológica.

      Le gusta a 1 persona

    1. El valiente soldado y la adorable cocinera se casaron, en medio de la alegría de los habitantes del reino, pues el soldado había demostrado ser un gobernante justo, por lo que era amado por todos sus súbditos. El día de la boda, el soldado no sólo organizó una gran comilona seguido de un alegre baile para todos sus vasallos, sino que invitó también al dragón, quien se presentó en medio de la fiesta para hacerle un regalo de bodas al soldado que tantos años y tan bien lo había servido. “Querido soldado” le dijo “este es mi obsequio para ti”. entregándole un hermoso anillo, adornado exquisitamente con numerosas piedras preciosas.
      Poco tiempo después, la alegría del soldado fue aún mayor pues su esposa quedó embarazada, y finalmente dio a luz tres niños.
      A pesar de ser trilizos, los niños no podían ser más distintos entre ellos: el primero en nacer, creció hasta volverse un mozo fortachón de altura elevada, de carácter impetuoso y capaz de cargar un toro en cada mano. El segundo en orden de nacimiento, resultó ser el doncel más agraciado que se hubiese visto en el reino. Siempre gentil y refinado, se decía que su belleza y dulce voz lograba encantar hasta a las bestias salvajes. Por último, el menor de los tres hermanos, no era alto, ni guapo, ni fuerte ni elegante, sino todo lo contrario. Era un muchacho esmirriado y silencioso. Sin embargo, el chico era más astuto que el hambre y a menudo todo tipo de personas lo buscaban para solucionar problemas que parecían imposibles de resolver, cosa que él hacía siempre de buena gana.
      Un día, el soldado decidió que había llegado el momento de retirarse del trono y nombrar a un sucesor, sin embargo, se encontraba indeciso sobre cuál de sus hijos merecía heredar el reino, por lo que tomó el anillo que el dragón le había obsequiado y reunió a los tres muchachos. Una vez que estuvieron en su presencia les dijo: “Queridos hijos, estoy cansado y es hora de que uno de ustedes ocupe el trono. Como sólo puede ser uno, tendrán que pasar una prueba. Quien salga victorioso le entregaré mi anillo y será aclamado como mi sucesor.” Los muchachos asintieron de inmediato preparándose para lo que pensaron sería un reto sencillo.
      Y hete aquí que todos se fueron al pie de las montañas y el antiguo soldado le dijo a su hijo el fortachón: “Si eres lo suficientemente fuerte, deberás vencer al viento”. El muchacho comenzó a reírse tanto que se puso colorado, pues pensó que le había tocado la tarea más fácil. Se quitó la camisa y comenzó a dar de manotazos a la corriente que descendía con gran fuerza de las montañas. Pero por más que abría los brazos y luchaba contra el viento, este corría libremente carcajeándose del inútil esfuerzo del fortachón golpeándolo con fuerza una y otra vez, hasta que este terminó tendido en el suelo, bañado de sudor, sin haber podido derrotar a su oponente invisible e intangible.
      Le tocó el turno al bello doncel y su padre lo condujo a la orilla de un río. El viejo le dijo: “Somete al agua”. El hermoso muchacho pensó en cantarle a la corriente hasta sosegarla, pero no contaba con el ruido ensordecedor del caudal por lo que, a pesar de cantar bellamente, no fue capaz de hacerse escuchar en medio de semejante estruendo, por lo que, desesperado, pensó en pararse en las rocas más alejadas del margen para que su canto fuera escuchado. ¡Jamás lo hubiera hecho! Al intentar brincar de una roca a otra, se resbaló y cayó al río. La corriente era demasiado fuerte en esa parte y antes de que pudiera evitarlo, ya estaba siendo arrastrado en medio de los gritos y carreras de guardias y demás miembros de la corte. Después de un buen tramo, lograron rescatarlo, eso sí, lleno de limo, ramitas y Dios sabrá qué otras cosas, además de que había tragado suficiente agua como para estar sin sed hasta Navidad.
      El hijo menor del soldado sólo reía y reía después de ver cómo habían terminado los intentos de sus dos hermanos, hasta que su padre se paró ante él y le dijo con voz muy severa: “Por burlarte de tus hermanos, te tocará afrontar las mismas pruebas” a lo que el muchacho sólo respondió “Como ordenes, rey y padre mío”.
      El chico se dirigió al mismo lugar ante las montañas donde su otro hermano había intentado vencer al viento. Pero en lugar de comenzar a dar manotazos, habló de la siguiente manera: “Poderoso viento, rey de la montaña ¡nunca descansas! ¿Porqué un rey como tú no tiene una morada digna de tu grandeza? Ven conmigo a una morada tan magnífica que pueda ser contemplada por cualquiera en varias leguas a la redonda y en donde sepan que tú te encuentras ahí.” Intrigado por la oferta del muchacho, el viento accedió a la petición del chico quien lo llevó hasta un enorme molino. El viento, intrigado, comenzó a mover las aspas, con lo que el molino entró en funcionamiento. El viento encontró esto muy divertido y comenzó a soplar sin descanso, pues no quería que las aspas dejaran de moverse. La gente del pueblo estaba feliz, pues en poco tiempo tenían ya una gran cantidad de harina molida de la manera más fina con lo que comenzaron a gritar de júbilo, cosa que alimentó la vanidad del viento lo suficiente como para continuar soplando hasta que se quedó dormido profundamente entre las aspas del molino.
      Después, el chico se dirigió a la orilla del río y comenzó a dar grandes voces: “¡Señora agua, eh, señora agua! No está aburrida de recorrer el camino sin poder cambiar de cauce? ¿Por qué una dama tan distinguida como usted no conoce los jardines y huertas más bellos? Venga conmigo y la guiaré hacia esos lugares!”.
      El río se sintió sumamente intrigado ante lo que decía ese muchacho, sin duda estaba loco. Pero al oírlo hablar sobre un paseo por jardines y huertas… bueno, no sabía exactamente qué era todo eso pero estaba dispuesto a averiguarlo, por lo que accedió a acompañar al chico quien, ni tardo ni perezoso comenzó a abrir un canal hacia las huertas de la ciudad, y después, siguió hasta los jardines de la ciudad.
      La corriente estaba feliz al ver como los árboles, flores y demás vegetación reverdecía a su paso. El chico siguió trazando más canales por jardines y huertas hasta que cubrió por completo todo, de acuerdo al plan del muchacho, quien no sólo supo como usar su ingenio para vencer en las pruebas de su padre sino que también usó su inteligencia para beneficiar a su pueblo, por lo que su padre lo declaró ganador de las pruebas y del anillo, amén de su sucesor, demostrando que poseía las cualidades necesarias para guiar sabiamente a su pueblo, cosa que hizo hasta el fin de sus días.

      Me gusta

  4. LA CAMISA MÁGICA
    cuento popular ruso (acresionado bajo la estricta responsabilidad de RRM)
    Aleksandr había crecido en la zona limítrofe del Imperio Ruso, en la zona del Cáucaso; siempre interesado por todas las historias que su abuelo le contaba, en especial las historias de dragones –sabía todo sobre ellos- estudió y fue profesor de Historia Antigua, hasta que fue reclutado por el ejército del Zar Pedro I, el Grande. Aleksandr destacó en batalla, por su inteligencia y bravura.
    Mientras estaba de servicio con su regimiento, un bravoel soldado Aleksandr recibió cien rublos, herencia de su abuelo que había fallecido que le enviaba su familia. El sargento se enteró y le pidió el dinero prestado. Pero cuando llegó la hora de pagar, en vez de rublos, el sargento dio al soldado cien golpes en la espalda con un palo y le dijo: “Yo nunca vi tu dinero. ¡Estás inventando!” El soldado se enfureció y salió corriendo a un espeso bosque; iba tenderse bajo un árbol a descansar cuando vio a un dragón de seis cabezas que volaba hacia él. El dragón se detuvo junto al soldado, le preguntó sobre su vida y le dijo: “No te quedes a vagar en estos bosques. Mejor ven conmigo y sé mi empleado por tres años.”el soldado sabía que los dragones de varias cabezas podrían significar decadencia y opresión, o bien, significaban independencia. “Con mucho gusto”, dijo el soldado, después de sopesar sus opciones. “Sube entonces, que yo te llevaré”, dijo el dragón, y el soldado comenzó a ponerle encima todas sus pertenencias. Mientras el dragón miraba de soslayo el reluciente espadín, las lustrosas condecoraciones y botonaduras, le dijo al soldado “Oye, veterano, ¿te vas a traer toda esta basura?” “¿Cómo te atreves, dragón? A los soldados nos dan de latigazos si perdemos aunque sea un botón, ¡y tú quieres que yo tire todas mis cosas!”. El soldado recordó que su abuelo le había enseñado que los dragones tienen el hábito de mentir y acumular objetos brillantes.
    El dragón llevó al soldado a su palacio y le ordenó: “¡Siéntate junto a la olla por tres años, mantén el fuego encendido y prepara mi kasha!” El propio dragón se fue de viaje por el mundo durante ese tiempo, pero el trabajo del soldado no era difícil: ponía madera bajo la olla, y se sentaba a un lado tomando vodka y comiendo bocadillos (y el vodka del dragón no era como el de nosotros, todo aguado, sino muy fuerte). El soldado empleó su tiempo libre en recorrer el palacio del dragón y así fue como encontró, entre tantos tesoros, una camisa de tela gruesa y a Burka, un caballo como el de su abuelo, al que le colocó una silla circasiana.
    Luego de tres años el dragón regresó volando. “Muy bien, veterano, ¿ya está listo el kasha?” “Debe estar, porque en estos tres años mi fuego no se apagó nunca.” El dragón se comió la olla entera de kasha en una sola sentada, alabó al soldado por su fiel servicio y le ofreció empleo por otros tres años. El soldado aceptó de inmediato, ya que Burka y él, se habían vuelto muy cercanos.
    Pasaron los tres años, el dragón se comió otra vez su kasha y dejó al soldado en su casa por tres años más. Durante los dos primeros el soldado cocinó el kasha, y hacia el fin del tercero pensó: “Aquí estoy, a punto de cumplir nueve años de vivir con el dragón, todo el tiempo cocinándole su kasha, y ni siquiera sé qué tal sabe. Lo voy a probar.” Levantó la tapa y se encontró a su sargento, sentado dentro de la olla. “Huy, amigo”, pensó el soldado, “ahora te voy dar una buena; te haré pagar los golpes que me diste.” Y llevó toda la madera que pudo conseguir, y la puso bajo la olla, e hizo un fuego tal que no sólo cocinó la carne del sargento sino hasta los huesos, que quedaron hechos pulpa. Regresó el dragón, comió el kasha y alabó al soldado: “Bueno, veterano, el kasha estaba bueno antes, pero esta vez estuvo aún mejor. Escoge lo que quieras como tu recompensa.” El soldado miró a su alrededor yde inmediato eligió un al fuerte corcel y una la camisa de tela gruesa. La camisa no era ordinaria, sino mágica: quien la usaba se convertía en un poderoso campeón.
    El soldado fue con un rey, lo ayudó en una guerra cruenta y se casó con su bella hija. Pero a la princesa le disgustaba estar casada con un simple soldado, de modo que intrigó con el príncipe de un reino vecino, y para saber de dónde venía el enorme poder del soldado, lo aduló y lo presionó. Tras descubrir lo que deseaba, esperó a que su esposo estuviese dormido para quitarle la camisa y dársela al príncipe. Éste se puso la camisa, tomó una espada, cortó al soldado en pedacitos, los puso todos en un costal de cáñamo y ordenó a los mozos de la cuadra: “tomen este costal, lo amarran a cualquier jamelgo y luego los echan al campo abierto”. Los mozos fueron a cumplir la orden, pero entretanto el fuerte corcel del soldado se transformó en jamelgo y se puso en el camino de los sirvientes. Éstos lo tomaron, le ataron el saco y lo echaron al campo abierto. El brioso caballo echó a correr más rápido que un ave, llegó al castillo del dragón, se detuvo allí, y por tres noches y tres días relinchó sin descanso.
    El dragón dormía profundamente, pero al fin lo despertó el relinchar y el pisotear del corcel, y salió de su palacio. Miró el interior del saco ¡y vaya que resopló! Tomó los pedazos del soldado, los juntó y los lavó con agua de la muerte, y el cuerpo del soldado estuvo otra vez completo. Entonces lo roció con agua de la vida, y el soldado despertó. “¡Caray!”, dijo. “¡He dormido mucho tiempo!” “Hubieras dormido mucho más sin tu buen caballo!”, respondió el dragón, y agregó “de entre tantos tesoros, me sorprendió que eligieras al corcel y la camisa” Ello es muestra de tu sensatez e inteligencia” además prosiguió el dragón- Durante el tiempo que estuviste a mi servicio y me preparaste el kasha, lo hiciste con esmero y hoy tu regreso coincide con mi cumpleaños número 100, por lo que si te quedas un tiempo más conmigo te enseñaré enseñó al soldado la compleja ciencia de tomar diferentes formas”.
    El dragón, al cumplir 100 años, se transformó en Aq Yılan, una bondadosa serpiente blanca, también llamada Linmesh. El soldado se transformó en una paloma, voló a donde el príncipe con quien vivía ahora su esposa infiel, y se posó en el pretil de la ventana de la cocina. La joven cocinera lo vio. “¡Ah!”, dijo, “qué bonita palomita.” Abrió la ventana y lo dejó entrar en la cocina. La paloma tocó el suelo y se convirtió en un joven hermoso. “Hazme un favor, hermosa doncella”, le dijo, “y me casaré contigo.” “¿Qué deseas que haga?” “Consigue la camisa de tela gruesa del príncipe.” “Pero él nunca se la quita, salvo cuando se baña en el mar.”
    El soldado averiguó a qué horas se bañaba el príncipe, salió al camino y tomó la forma de una flor. Pronto aparecieron, con rumbo a la playa, el príncipe y la princesa, acompañados por la cocinera, que llevaba ropa limpia. El príncipe vio la flor y la admiró, pero la princesa adivinó al instante quién era: “¡Ah, debe ser ese maldito soldado!” Cortó la flor y empezó a aplastarla y arrancarle los pétalos, pero la flor se convirtió en una mosca pequeñita y sin que la vieran se escondió en el pecho de la cocinera. En cuanto el príncipe se desvistió y se metió en el agua, la mosca salió y se convirtió en un raudo halcón. El halcón tomó la camisa y se la llevó lejos, luego se convirtió en un joven hermoso y se la puso. Entonces el soldado tomó una espada, mató al amante y a la esposa traidora, y se casó con la joven y adorable cocinera.
    Según la creencia extendida en los alrededores del Volga y de la región Idel-Ural, si estas serpientes-dragones sobreviven 100 años se transforman en bondadosas serpientes blancas (llamadas Aq Yılan). (LINHMESH). En este punto de su evolución, tienen una influencia beneficiosa sobre los seres humanos, de manera similar al dragón chino, y son capaces de atraer la buena suerte.
    Silla circasiana.- Silla de montar que era utilizada por el pueblo Circasiano, asentado por entonces en el Noreste del Cáucaso, antes de la guerra con el Imperio Ruso.

    Me gusta

  5. Regreso a su reino (el rey de arabia)muy encabronado (dando de chingadazos a todo aquel que se le pusiera enfrente)
    Sentado en su trono se puso a idear cómo chingar a este pasado de verga haciendo llamar a sus generales y sus más altos funcionarios
    Al término de esta jugarreta(Reunión)
    Decidió valerle madre los consejos de estos lambe culos y ordenó llevar a sus ejércitos a babilonia y acabar con ese reino (Todo sea por Ala)
    Dios sabía que ese arrebato no era en balde Siendo misericordioso le otorgó un triunfo raudo
    El rey árabe siendo cauto en sus desiciones agarro al rey de babilonia y se lo llevo a un lugar en su reino donde el cielo era abierto el sol abrasador el polvo cubría todo paraje pero lo más importante era un dédalo un regalo del omnipotente (divinidad) caminaron subidos en bestias deformes hasta que el rey de arabia decidió abandonarlo al auspicio de Dios
    Demostrando que ala es sabio

    Me gusta

  6. La voz de fuego

    Antes de que el tiempo fuera contado por los hombres y los días tuvieran asignado un nombre; antes de los rublos y lo que muchos consideran el inicio el mundo existió una mujer. Rondaba por las montañas, hipnotizaba a las águilas con su canto para proveerse de sus crías, aún no nacidas, para tener mayor fuerza en su voz y llegar por medio de ella al otro lado del río, aunque fuese como un simple eco.

    El mundo cambiaba, las bellas flores del amanecer de las colinas se estaban desvaneciendo y faltaba poco tiempo para que la nieve cayera del cielo a inundarla a ella, que estaba sola y con su voz como única compañía, de una blanca torrente de penetrante frío.

    Estaban por comenzaran a caer, como esponjosas pedradas de hielo, los copos de nieve. Ella estaba sentada, contando los minutos cuando frente a sus ojos se posó el primer copo. En cuanto lo vio algo en ella se detuvo; no podía sentir ni un músculo, sus labios apenas podían moverse y comenzó a cantar, desde lo más profundo de su garganta, hasta desgarrar la última de sus cuerdas vocales. Cantaba por ayuda, cantaba para que la escucharan, para llegar al otro lado del río, a la aldea de los demás hombres. Cantaba por su vida.

    El estruendo de dos alas hizo más frío el rincón de la doncella. Frente a ella se impuso un enorme dragón que inmediatamente se acercó a su rostro para alcanzar a escuchar las últimas notas que aquella mujer llegaría a cantar en toda su vida. Una incandescente lágrima del reptil cayó en las prendas de ella y mágicamente apareció una camisa, tan caliente como para soportar cualquier invierno y tan milagrosa como para recorrer todas las montañas y no desvanecerse nunca.

    La mujer pasó el resto de sus días en silencio, aquel invernal día había perdido su voz; mas había ganado fuerza y un motivo para no volver a pedir ayuda nunca a los del otro extremo del río. Dedicó sus días a recorrer el mundo, pero eso sí: todos los inviernos volvía siempre a la misma montaña para pasar esos días con el dragón y prepararle un poco de kasha, mientras él la protegía de la inmensa lluvia de nieve que se apoderaba de aquel, su pequeño mundo.

    Llegó el día en el que ella no pudo rondar más por la vida y el invierno llegó a ella en plena primavera. Abrió su boca lo más que pudo, hizo todas las muecas posibles y con la poca fuerza que quedaba en su cuerpo lanzó un sutil canturreo que nadie pudo escuchar, solamente su amigo de fuego.

    Me gusta

    1. Tus descripciones son tersas y fluídas, me van llevando y dando ganas de esuchar esa voz de mujer, si bien no entendí muy bien o me pareció un poco forzada la inclusión de la camisa en la narración. Gracias por tus aportaciones en las sesiones. Saludos

      Me gusta

    2. Tu narración es tersa y fluida; muy disfrutable, se.me antojo escuchar la voz de esa mujer tan parecida u distinta a la Sirenita o a la Reina de las Nieves. Se nota tu experiencia.La inclusion de la camisa me pareció un tanto forzada, pero sentí la nostalgia del dragón por el kasha y envidie tener un compañero tan fiel. Gracias por tus aportaciones tan enriquecedoras en las sesiones de zoom..Saludos

      Me gusta

    3. Hola, jojxse. Me da la impresión que mantienes una voz narrativa que embona muy bien con el cuento sobre el que trabajamos este ejercicio. Creo que tu texto es en sí un cuento y que lo entretejes con el resto de la historia en varios de sus puntos. Sólo hay algo que me hace ruido. Creo que no está del todo justificado por qué tu personaje comienza a cantar. Entiendo que es una reacción a la nieve, pero no entiendo del todo el por qué. Quizás el falta del precisión en mi lectura. Saludos.

      Le gusta a 1 persona

  7. (Soy María José Munguía, mi correo es majo.munguia23@gmail.com)

    La voz de fuego

    Antes de que el tiempo fuera contado por los hombres y los días tuvieran asignado un nombre; antes de los rublos y lo que muchos consideran el inicio el mundo existió una mujer. Rondaba por las montañas, hipnotizaba a las águilas con su canto para proveerse de sus crías, aún no nacidas, para tener mayor fuerza en su voz y llegar por medio de ella al otro lado del río, aunque fuese como un simple eco.

    El mundo cambiaba, las bellas flores del amanecer de las colinas se estaban desvaneciendo y faltaba poco tiempo para que la nieve cayera del cielo a inundarla a ella, que estaba sola y con su voz como única compañía, de una blanca torrente de penetrante frío.

    Estaban por comenzaran a caer, como esponjosas pedradas de hielo, los copos de nieve. Ella estaba sentada, contando los minutos cuando frente a sus ojos se posó el primer copo. En cuanto lo vio algo en ella se detuvo; no podía sentir ni un músculo, sus labios apenas podían moverse y comenzó a cantar, desde lo más profundo de su garganta, hasta desgarrar la última de sus cuerdas vocales. Cantaba por ayuda, cantaba para que la escucharan, para llegar al otro lado del río, a la aldea de los demás hombres. Cantaba por su vida.

    El estruendo de dos alas hizo más frío el rincón de la doncella. Frente a ella se impuso un enorme dragón que inmediatamente se acercó a su rostro para alcanzar a escuchar las últimas notas que aquella mujer llegaría a cantar en toda su vida. Una incandescente lágrima del reptil cayó en las prendas de ella y mágicamente apareció una camisa, tan caliente como para soportar cualquier invierno y tan milagrosa como para recorrer todas las montañas y no desvanecerse nunca.

    La mujer pasó el resto de sus días en silencio, aquel invernal día había perdido su voz; mas había ganado fuerza y un motivo para no volver a pedir ayuda nunca a los del otro extremo del río. Dedicó sus días a recorrer el mundo, pero eso sí: todos los inviernos volvía siempre a la misma montaña para pasar esos días con el dragón y prepararle un poco de kasha, mientras él la protegía de la inmensa lluvia de nieve que se apoderaba de aquel, su pequeño mundo.

    Llegó el día en el que ella no pudo rondar más por la vida y el invierno llegó a ella en plena primavera. Abrió su boca lo más que pudo, hizo todas las muecas posibles y con la poca fuerza que quedaba en su cuerpo lanzó un sutil canturreo que nadie pudo escuchar, solamente su amigo de fuego.

    Le gusta a 1 persona

    1. de solo caminar, así que escogió un caballo que había divisado cerca de donde estaban; también se acordó que su camisa ya estaba destruida, así que tomo una playera que había localizado cerca de donde estaba.
      El dragón le digo que era un soldado muy atinado en sus elecciones: El caballo era un animal muy poderoso que le daría más velocidad y fuerza que cualquier otro de su especie; la playera era una armadura especial que le daría fuerza agilidad y sobre todo la capacidad de transformarse en lo que tu pensamiento lo requiera.
      El militar salió presuroso de la guarida del dragón, a lo lejos se veía polvo acumulado en una área muy grande hay se dirigió; cuando llegó había gente por todos lados dándose con todo. El se unió a la pelea dando de madrazos a diestra y sinistra, empujó a su Alazan sobre uno de sus lados, rebotando a cualquiera que se le interpusiera en el camino; llegando hasta dónde estaba el rey con su séquito.
      El Rey viendo la fortuna que estaba en a manos lo interceptó y le dijo que si el acaba la guerra a su favor, su hija sería su esposa y todo el reino algún día también. El soldado sin miramientos y unos cuántas horas sometió la guerra a favor del rey y así se casaron.
      Pero la princesa descontenta por estar con un desconocido, se armó de valor Y en contubernio con otro señor al cual su amor si favorecía; lograron engañar al rey y echarlo de su reino.
      El militar reaccionó matando al Rey, su familia y los señores del reino proclamándose el nuevo patriarca.

      Me gusta

  8. Hola, soy Jorge.
    Mi correo es: Jorgestero4@gmail.com

    Al final, los gritos del sargento no escaparon de la olla sino forma de vapor, hecho, en parte, de su mismo cuerpo.

    Lo último que vio del mundo fue un ceño fruncido sobre unos ojos cafés. Recordó los azotes que años antes le propinó sin tregua ni suplica al soldado que en esos momentos pasó a ser su verdugo. “Esto es la guerra, al final, la derrota es inevitable”.
    La tapa se colocó y supo que era su fin. Se sentó sobre una cumbre de avena y respiró profundo; su ritmo cardíaco aumentaba casi a la par del temblor que ahora padecían sus labios: el dulce aroma del trigo y la leche juntos le trajeron recuerdos. Y ahí, en la total obscuridad, abrazándose las rodillas, rememoró ciertos días de su infancia: sus manos blancas, aún sin callos, tirando de arriba para abajo las ubres de una vaca; un puro encendido entre los dedos de su padre, el mismo que usaba para quemar su espalda si se portaba mal o se equivocaba en algún trabajo en el granero; los días en los que su hermano mayor le acertaba puñetazos en la boca del estómago sin motivo aparente; la bofetada que un día le dio su madre al verlo dibujar en su libreta de tareas. Los recuerdos seguían y seguían pasando por su mente. Un cosquilleo en la punta de su nariz antecedió al primer par de lágrimas que brotaron de sus ojos.
    Una luz roja incandescente se hizo traslucir desde el fondo del lácteo líquido que lo rodeaba. La temperatura aumentó, haciéndolo sudar por todos los rincones de su cuerpo. El dulce y penetrante olor dentro de la olla comenzó a hacer del metálico espacio un lugar irrespirable. Entonces el sargento se puso de pie y empezó gritar dando patadas que lazaban hojuelas al aire y puñetazos que no golpeaban a nada. Gritaba, no contra el soldado que hora mismo hacía de él un ingrediente más del kasha que le fue encomendado por el dragón. No. Gritaba contra su hermano, contra su padre, contra su madre, contra todos los días, uno por uno, de su infancia. Gritaba con todas sus fuerzas. Gritaba con toda las energías que le fueron posibles y un tanto más que eso. La rabia entumeció el cuerpo del sargento al grado que no sintió ni la mínima cosquilla cuando sus pies comenzaron a desaparecer, fundiéndose con el resto de los ingredientes en la olla.

    Cuando el soldado abrió retiró la tapa, fue como si un viento contenido hubiese sido expulsado del recipiente. El espeso vapor salió disparado hacia su rostro, enrojeciendo sus mejillas y revolviendo su cabello.

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola Jorge, me atrapaste des de los “gritos en forma de vapor” que al final cierras con el viento (y los sentimientos contenidos). Le aportas humanidad y visibilidad al personaje del sargento, el cual es en verdad un buen punto a explorar para brindarle al relato algo más introspectivo, que en lo personal disfruto en las narraciones. No sé si se respeta la consigna y si me gusta que el soldado sea el verdugo porque hace que se pierda, lo que a mí gusto, es la mejor parte del cuento original: la sorpresa y justicia divina hacia el soldado de ver castigado a su abusador. Niniedades: no me checa la voz paso a de “la tapa se colocó” o el tomo final de las.mekollas y el cabello que dese tona un poco con el tono sensible, pero viril del resto de la descripción del sargento. Perdón por la retroalimentación tan intrusiva , pero me quedó la.coatumbre de otros talleres. Saludos

      Me gusta

    2. Hola Jorge: me pareció muy interesante que retomaras al personaje del sargento y sus últimos momentos de agonía en la olla del kasha del dragón.
      Creo que desarrollaste con minuciosidad la psicología de este personaje, así como sus recuerdos y sensaciones. El sargento ya no es sólo el malo o un simple vilano, sino que adquiere mayor profundidad.

      Me gusta

  9. Soy Alexis, va mi correo: geralexviveros@ciencias.unam.mx

    Decidí modificar la última parte, donde el soldado es revivido por el dragón… así que, a partir de ahí, aquí va lo ´mío:

    y en cuestión de horas, el dragón adentró al soldado en la compleja ciencia de la transformación corpórea o la capacidad de tomar formas distintas.
    Ya entrenado el soldado se transformó en una blanca y agraciada paloma que voló a donde el príncipe usurpador y su esposa infiel junto con preciada camisa; se posó en el pretil de la ventana que daba hacia la cocina y esperó.
    Poco después entró un grupo de cocineras, de este, destacó a los ojos del soldado-paloma una de ellas pues era joven y la delicada forma de sus facciones hicieron dudar al soldado de su objetivo primordial. De esta forma, comenzó a gorjear dulcemente para atraer la atención de la cocinera. Acto seguido, la cocinera abrió la ventana al percatarse de una paloma muy bonita y amigable.
    Dentro de la cocina y en las manos de la cocinera, la paloma quedó de frente al rostro de esta y al observar unos ojos infinitos color miel, se transformó en un apuesto joven que por su parte deslumbró a la cocinera.
    De la manera más rápida, el soldado le contó a su enamorada sus terribles peripecias y esta accedió a ayudarle revelándole que el único momento donde el príncipe usurpador se quitaba la camisa era para entrar a bañarse al mar.
    Por fortuna, se acercaba el momento de tomar la ducha en el mar y la paloma-soldado yacía postrada en las arenas de la playa en forma de concha. A la llegada de la pareja de rufianes y cuando ambos se habían adentrado lejos en el mar, el soldado se transformó en un ágil felino con mandíbulas muy fuerte para tomar su camisa y huir rápidamente sin ser visto.
    No mucho tiempo después el soldado volvió a retar al príncipe a un duelo a muerte, por supuesto, el soldado sin miramientos se batió en un duelo legendario pues aunque el príncipe era muy bueno, el soldado lo terminó con una estocada al centro de su abdomen.
    Después de haber preparado la mejor kasha del siglo y compartirla con el pueblo, el soldado pudo reclamarse rey y se casó con la que fue cocinera pues ahora era reina y… la que había sido reina, ahora era la cocinera.

    Me gusta

  10. En tiempos muy remotos, cuando los grandes héroes aún cabalgaban en las estepas de Siberia, vivían dos humildes campesinos. Eran tan pobres, que no poseían más que el techo que los protegía de la intemperie y un pequeño huerto que siempre era asolado por las nevadas. Un día salió la mujer a recoger leña para el fogón de su hogar, pero se alejó mucho del camino y terminó perdida en el bosque. La mujer se lamentaba, pues llevaba horas caminando y en casa sólo le esperaban un platito de shchi y un poco de medovuhka que tendría que compartir con su marido. Siguió así por un largo rato, hasta que se encontró con una cabaña de madera. Atraída por los aromas de comida que salían por las ventabas, se atrevió a tocar la puerta, sin saber que ahí habitaba la mismísima Baba Yagá.

    La vieja bruja la recibió con cordialidad. La cubrió con un pesado abrigo y le dio abundantes alimentos: sopas, carnes, pasteles rellenos de frutas y bebidas hasta la saciedad. Una vez terminado el festín, Baba Yagá le advirtió que antes de partir, y en agradecimiento al banquete, debía completar una serie de tareas. Primero debía encontrar un brote que hubiera sobrevivido al invierno. La campesina, que por los años de trabajar en su humilde huerto, sabía que algunas semillas podían germinar bajo la tierra nevada, pudo localizar unos brotes bajo los árboles. Esto complació a Baba Yagá. En recompensa le pronosticó a la mujer que ella y su marido tendrían un hijo próximamente, y que los colmaría de felicidad. La segunda tarea consistía en limpiar los establos de sus tres jinetes (la mañana, el atardecer y la noche) y dejarlos tan limpios como el interior de una tacita de té. Con diligencia la campesina se puso manos a la obra, y tras un tiempo consiguió su cometido. Impresionada por el talento de la mujer, Baba Yagá le hizo otro buen augurio, anunciándole que su hijo sería generoso y hábil, que tendría poder y algún día no pasaría las mismas penurias ni carencias que sus padres. Por último la bruja le encomendó sacudir el polvo de sus alfombras. Cegada por las buenas noticias y envalentonada por sus aciertos anteriores, la campesina puso menos atención en la última tarea, de tan mala suerte que al darle un tirón a la alfombra tiró a la vieja bruja. Viéndose en el suelo y con su pierna de hueso al descubierto, Baba Yagá estalló en cólera y humillación. Antes de que la campesina saliera corriendo, le lanzó su última profecía: su hijo sería valiente, pero ingenuo como un niño; antes de conseguir la dicha tendría que pasar muchas dificultades, incluso demostrar su valía ante los jueces de la vida y la muerte.

    Pasaron muchos meses, llegó el anhelado hijo y eventualmente la pareja de campesinos se olvidó de aquel episodio. Los días se pasaban uno tras otro, mientras los padres trabajaban, el niño crecía robusto como un pino. Llegó el día en el que tuvo la edad suficiente para unirse a las tropas del Rey. Con lágrimas en los ojos, los padres lo despidieron, prometiendo que cada cierto tiempo le harían llegar parte del dinero, ahorrado con años de esfuerzos, para que no estuviera desprovisto de lo necesario.

    —> Mientras estaba de servicio con su regimiento un bravo soldado recibió cien rublos que le enviaba su familia…

    Me gusta

  11. Esta ciencia de cambiar de formas no era otra más que la que practicaban nuestros antepasados y la cual habían aprendido de los dragones, en aquellos tiempos en que estos seres compartían espacio con las personas de las aldeas y se les ofrendaba kasha. Tal ciencia consistía en recoger del bosque bayas de pino, flores de nelumbo y hojas del árbol de byeryóza con los que se preparaba una pócima y a la que el dragón escupía un poco de fuego para darle el poder de transformación a quién bebiera la pócima. Al tomarla el soldado experimentó un gran calor dentro de su cuerpo, sus ojos se abrieron como los de un sapo, sus manos y pies se retorcieron como si sus huesos se rompieran cayendo al suelo, ahí tirado en el suelo se retorció como si un dolor muy fuerte lo aquejara por dentro. Después de un rato se levantó resplandeciente y el soldado se transformó en una paloma… (Se incluiría en el penúltimo párrafo)

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: