Ejercicio 4

Crea un narrador indigno de confianza.

Instrucciones:

  1. Si no lo has leído, lee el cuento “Cabecita blanca”, disponible en los materiales para descarga del taller.
  2. Observa cómo el cuento utiliza un narrador indigno de confianza: el texto comunica –en tercera persona– el punto de vista de la madre, que cree ser una persona excelente y haber hecho todo bien, pero poco a poco revela que (incluso si ella se engaña al respecto) no es así.
  3. Imagina otra situación en la que un personaje pudiera hacer algo semejante (digamos, un funcionario público que cree y dice ser eficiente y cortés con el público, cuando en realidad es todo lo contrario) y escribe dos breves párrafos en tercera persona que pudieran ser parte de tu propio cuento a la manera del de Castellanos:
    • En uno, una descripción de cómo se ve el personaje a sí mismo.
    • En otro, cómo es en realidad.

(Si no eres parte del grupo que participa en las sesiones en línea, crea tu propio cuaderno de escritura, donde puedas ir reuniendo los ejercicios que realices.)

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

28 comentarios sobre “Ejercicio 4

  1. Buenas tardes a todos, dejo este cuento que había empezado y que traté de reescribir con las dos voces, del narrador de indigna confianza y el de la realidad objetiva, pero no sé si logre el efecto porque aquí la idea es que no se sabe cául es cuál y ambos están en el cuento. Gracias por su retroalimentación.
    Emilia
    Llevaba 13 días sin despegarme de mi hermana moribunda. Cambiándole el cómodo, humedeciéndole los labios deshidratados, cubriéndole la panza al aíre inflada por la hidropesía ocasionada por la afección cardiaca que padeció desde niña. Todos los días tenía que tragarme ese sentimiento que me envenenaba el alma. Aún ahí, viéndola postrada en esa cama después de 13 días de agonía en que no terminaba de morir, ella estaba ganando, sufría más, llegaría primero; ya fuera al Cielo o al Infierno, pero llegaría primero. Como había llegado primero a la vida y al corazón de nuestros padres. Así como había sido la primera en tener trabajo, en casarse y en tener los ovarios para divorciarse y empezar de nuevo elegir quedarse “sola” y sin hijos antes que traicionarse.
    Carlota
    No podía hablar, prácticamente ni moverme siquiera, pero estaba consciente, tal vez más que nunca. Me sentía agradecida, bendecida. Había cuidado toda mi vida de mi hermana menor sin sentir pesar alguno por la responsabilidad y ahora Emilia, sin haberlo pedido, me pagaba amor con amor. Siempre quise hacer lo que mi madre no hizo por ella, hacerla responsable, esperar más de ella, creer en ella. Lo que hice lo hice no por obligación, ni para que mi madre o ella me agradecieran. Me parecía lo más natural compartirle mis amigos, gastar mis primeros sueldos en ella y para tomar las decisiones correctas en mi vida me inspiré muchas veces en ella, en lo que como hermanas y mujeres solidarias teníamos que aprender y enseñarnos.
    Emilia
    Mi hermana era la enferma y la que no podía respirar era yo. Sentía mi cuerpo abandonarme El ataque que me daba siempre era sutil y perspicaz. Sin embargo, llegaba a invadir la habitación como un gas venenoso que se expandía y la ocupaba toda. Bastaba con recordar que nunca había tenido amigos propios teniendo que conformarme con los de Carlota, o la superioridad con que siempre me aleccionaba. Las evocaciones de las veces que me hirvió la sangre la felicidad de mi hermana me provocaban una inquietud y cosquilleo en el alma que no me permitían estar tranquila, veía en ese cuerpo triste y enfermo algo amenazante aún y no podía evitar compararme con ella incluso en su miserable estado; mi pelo, mis arrugas, las piernas de la enferma más torneadas que las mías… La envidia era un espíritu inferior que me poseía y me hacía reptar… al verme al espejo creí estar aún más enjuta y débil que mi hermana moribunda. Cuando me acercaba a asearla y me encontraba con su mirada, lo único vivo que tenía Carlota ya, tenía que disimular, que camuflajear ésta lepra bochornosa, pero la rivalidad y la insatisfacción son tufos difíciles de esconder. Ese sentimiento tan bajo me avergonzaba, además era desgastante, consumía mucha energía y atención estarse fijando en lo que Emilia tenía y yo no. Paz, fe, increíblemente hasta el intento de una sonrisa me pareció adivinar en mi hermana aún a las puertas de la muerte. ¡Estaba tan exhausta!
    Carlota
    Esta era la última oportunidad que tendría para darle un buen ejemplo a Emilia; enfrentar la muerte de forma digna, incluso hago el esfuerzo de regalarle una sonrisa para hacerle ver que estoy preparada y que he vivido una buena vida, que me da gusto haber sido parte de la suya y que estoy tranquila de que ahora me acompañe hasta el final.
    —- o —-
    No había más remedio, ambas quedarían atrapadas allí, en esa habitación en donde no había lugar para nada más. La casa estaba tapiada por las culpas y los resentimientos. Por los marcos oxidados de las ventanas no se colaría la reconciliación ni el arrepentimiento. Permanecerían ahí hasta que cediera alguna; o la vida o la muerte en vida hecha envidia.

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      1. Agonía
        Emilia
        Llevaba 13 días sin despegarse de su hermana moribunda más forzada por el lazo sanguíneo que por auténtico cariño. Cambiándole el cómodo, humedeciéndole los labios deshidratados, cubriéndole con disgusto la panza al aíre inflada por la hidropesía ocasionada por la afección cardiaca que padeció desde niña y por la que siempre fue la frágil, la preferida. Todos los días tenía que tragarse ese sentimiento que le envenenaba el alma. Aún ahí, viéndola postrada en esa cama después de 13 días de agonía en que no terminaba de morir, Carlota estaba ganando, sufría más, llegaría primero; ya fuera al Cielo o al Infierno, pero llegaría primero. Como había llegado primero a la vida y al corazón de sus padres. Así como había sido la primera en tener trabajo, en casarse y en tener los ovarios para divorciarse y empezar de nuevo elegir quedarse “sola” y sin hijos antes que traicionarse.
        Carlota
        No podía hablar, prácticamente ni moverme siquiera, pero estaba consciente, tal vez más que nunca y sabía que esos 13 días mi hermana había permanecido a mi lado con amor filial. Me sentía agradecida, bendecida. Había cuidado toda mi vida de mi hermana menor sin sentir pesar alguno por la responsabilidad y ahora Emilia, sin haberlo pedido, me pagaba amor con amor, me ponía el cómodo con gentileza, me humedecía los labios cuidadosamente, cubría mi abultado vientre para que no me enfriara. Yo era su protectora hermana mayor. Siempre quise hacer lo que mi madre no hizo por ella, hacerla responsable, esperar más de ella, creer en ella. Lo que hice lo hice no por obligación, ni para que mi madre o ella me agradecieran. Me parecía lo más natural compartirle mis amigos, gastar mis primeros sueldos en ella y para tomar las decisiones correctas en mi vida me inspiré muchas veces en ella, en lo que como hermanas y mujeres solidarias teníamos que aprender y enseñarnos.
        Emilia
        Su hermana era la enferma y Emilia era la que no podía respirar. Sentía su cuerpo abandonarla El ataque que le daba siempre era sutil y perspicaz. Sin embargo, llegaba a invadir la habitación como un gas venenoso que se expandía y la ocupaba toda. Bastaba con recordar que nunca había tenido amigos propios teniendo que conformarme con los de Carlota, o la superioridad con que siempre la aleccionaba. Las evocaciones de las veces que le hirvió la sangre la felicidad de su hermana le provocaban una inquietud y cosquilleo en el alma que no le permitían estar tranquila, veía en ese cuerpo triste y enfermo algo amenazante aún y no podía evitar compararse con ella incluso en su miserable estado; sus canas plateadas tan elegantes, su rostro que no había perdido ese aire de alcurnia incluso con tanta arruga, las piernas de la enferma más torneadas que las suyas… La envidia era un espíritu inferior que la poseía y la hacía reptar… al verse al espejo creía estar aún más enjuta y débil que su hermana moribunda. Cuando se acercaba a asearla y se encontraba con la mirada de Carlota, lo único vivo que tenía ya, tenía que disimular, que camuflajear ésta lepra bochornosa, pero la rivalidad y la insatisfacción son tufos difíciles de esconder. Ese sentimiento tan bajo la avergonzaba, además era desgastante, consumía mucha energía y atención estarse fijando en lo que Carlota tenía y ella no. Paz, fe, increíblemente hasta el intento de una sonrisa le pareció adivinar en su hermana aún a las puertas de la muerte. ¡Estaba tan exhausta!
        Carlota
        ¡Pobre Emilia! Hubiera querido cargar en hombros su cansancio, y aunque su hermosa y esbelta figura no perdía el garbo, la fatiga era evidente. A veces se quedaba pensando, como recordando quizás nuestros buenos momentos juntas. Esta era la última oportunidad que yo tendría para darle un buen ejemplo a Emilia; enfrentar la muerte de forma digna, incluso hacía el esfuerzo de regalarle una sonrisa cada que su mirada compasiva se encontraba con la suya para hacerle ver que estaba preparada y que había vivido una buena vida, que le daba gusto haber sido parte de Emilia y que estaba tranquila de que ahora la acompañara hasta el final.
        —- o —-
        No había más remedio, ambas quedarían atrapadas allí, en esa habitación en donde no había lugar para nada más. La casa estaba tapiada por las culpas y los resentimientos. Por los marcos oxidados de las ventanas opuestas de donde se avizoraban no se colaría jamás la reconciliación ni el arrepentimiento. Permanecerían ahí hasta que cediera alguna; o la vida o la muerte en vida hecha envidia.

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      2. Me gustó que la narración de la historia no fuera una sola voz. Y me pareció que retomaste emociones que pueden conectar con el lector en varios momentos: el resentimiento, la envidia muda, la soledad en la que ambas se encuentran, absortas en sí mismas aún en compañía.

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    1. Me parece muy interesante que se le de a cada uno su punto de vista. No pude evitar sentirme algo inclinado al lado de Carlota. Me ha gustado mucho el personaje. Me parece que el texto cumple con el propósito del ejercicio. Te felicito, espero verlo publicado pronto. 😀

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      1. Muchas gracias José, yo también me identifico con ella, jajaja. Yo también lo espero, aunque registro mis trabajos y tengo ya dos compilaciones nunca me he animado a buscar publicar, pero gracias. Buenas noches y buenas letras.

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  2. Voy por un sendero y a mi lado can mis perros, la vereda me lleva ala tierra del huizache y el mesquite.
    Mis pies se están cociendo al caminar, el agua está oculta y solo los pudientes se la pueden arrebatar ala tierra.
    El Monte está dividido como todo en el país: De un lado hay una cerca de púas muy bien puesta y por el otro lado se ven piedras acomodadas y que lucen como un pequeño muro.
    Dicen que el hombre a querido dominar esta tierra desde hace tiempo;que se han valido de fierros,máquinas y de más artilugios que han inventado para controlarla. Dicen también que ya no hay tantas especies como antes,que ahora solo deambulan en el cerro y en la noche aúllan reclamando lo que es suyo.
    El caminito siguió, sudado y mugriento, llegue hasta un bodegón, tomé mis llaves y lo abrí. Vi el tractor me subí y le di marcha y avancé sobre el campo, subiendo y bajando el arado, machaqué la tierra y todo lo que al paso me lleve.
    Detuve el tractor y me bajé de el; me acerqué a una llave y la giré dejando salir el agua a borbotones.

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  3. Estoy sentado,tratando de escribir y el sudor me corre por la espalda,las parecen regadera y mi cabeza chorrea agua a lo pendejo.
    Se me acerca mi esposa,preguntándome: qué haces?
    -Pues rascándome los huevos todavía no!
    -de seguro estás con tus pendejadas del taller, ya ponte hacer algo productivo.
    – Más productivo que aguantarte y escuchar tu Unica pinche conversación que tienes, que es de tu trabajo. Jaaa a huevo que si!
    -por lo menos hago algo productivo, tu todo el día estás sentándote creyéndote escritor.
    – Vete a la chingada
    -No el que se va de mi casa eres tú.
    -Seguro que si! y las dejo contigo y tú madre. A mis hijas! jaaaa no mames, eso sería como matarlas. Prefiero aguantarte hasta que cumplan 18 años y puedan volar a dónde se les pegue su chingada gana.
    Se subió por las escaleras gritándome pendejada y media.
    Me levante al refrigerador y tome una cerveza y unas flautas.
    Me senté en el comedor y mis hijas bajaron también rumbo al refrigerador, se prepararon algo y se sentaron en la barra de la estufa.
    Su madre bajo, gritando- quien quiere ir a pasear a los perros ?
    Se pararon las niñas y yo las seguí.

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    1. Me pareció interesante la propuesta que haces, “narrar el acto de narrar”. Me recordó un poco a un poema de Raymond Carver “Tu perro se muere”. Justo habla del proceso de escritura, y consigue un efecto muy cómico en el proceso.

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  4. 1.Cómo que todo me molesta qué te pasa no ves bien no te das cuenta que estoy tranquilo que nada más estoy diciendo una cosa y tú todo te lo tomas a mal estás de sensible de seguro y por eso se te hace fácil decir que todo me molesta pero no sabes que quien se ve molesto viniéndome a decir que todo me molesta maldito loco idiota que no sabe lo que hace porque me vienes a decir cosas que no vez que estoy calmado.

    2. Dos hombres están sentados en la misma banca de un parque. A uno se le ve con la cara roja y con ambas manos tomándose del cabello, su respiración es notable en el subir y bajar de sus hombros. El otro hombre tiene un cigarro en la boca. Cada que da una calada y exhala el humo, se le ve una sonrisa. Su compañero de banca, por un momento y de manera involuntaria, lo rosa hombro a hombro. Entonces le da otra calada a su cigarro y le pregunta si está bien. El otro hombre se suelta el cabello y comienza a dar manotazos al aire y a gritar y a insultar diciendo que se encuentra bien. Los manotazos y los gritos tienen tanta intensidad que el hombre del cigarro abandona la banca y deja al otro lanzando insultos y reclamos al aire.

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    1. A mi parecer la narración ilustra bien al narrador indigno de confianza, El efecto lo da el lenguaje no verbal que desentona con las emociones descritas. Buenas noches.

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  5. 2006. Cinco días después de ceñirse la banda presidencial, el licenciado Felipe Calderón Hinojosa, declara la guerra al narcotráfico, se coloca una casaca militar, en su papel de jefe máximo de las fuerzas armadas, distinguido, orgulloso, erguido, encabeza el acto frente a lo más granado del Ejército mexicano. – Pasaré a la historia como el mejor gobernante de México – ¡no hay posibilidad de que falle! – me lo ha dicho un hombre incorruptible y con gran experiencia en el combate al crimen organizado, un hombre dedicado a servir a su país (mi amigo Genaro García Luna), – no cabe duda, con mis atributos como gran estadista, seré recordado como el – ¡mejor y más grande presidente de México!-

    En 2009, un análisis realizado por el semanario Proceso, con información oficial de México y de organismos internacionales concluye que fue una guerra fallida. Felipe Calderón (con una diferencia marginal en el número de votos) fue declarado presidente, aun cuando había serios cuestionamientos sobre la legalidad de la elección, plagada de irregularidades. Declaró la guerra al narcotráfico el 6 de diciembre de 2006, con la idea de legitimar su mandato, sin importar las consecuencias que ello acarrearía para la población, ya que la violencia desatada, persiste aún en nuestros días y su amigo Genaro…

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    1. Me encantó tu propuesta de texto, y que jugaras con la ironía del entusiasmo calderonista. Debo admitir también que recordar esos acontecimientos me recordó la indignación que me producen sus declaraciones. Así que tu cuento, aunque breve, me hizo reír y enojar, jajaja.

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  6. 1….La maestra Mireya llegó dos minutos antes del timbre. Saludo a sus alumnos, quiénes se pusieron de pie, y después de dar la bienvenida al unísono, tomaron asiento. Había encargado una maqueta sobre las regiones naturales. Iba de fila en fila poniendo una calificación numérica a sus alumnos. Pensaba en lo mucho que amaba su profesión, en cómo le gustaba el olor de los marcadores y el sonido de su bolígrafo al revisar los trabajos. «Estoy haciendo la diferencia», se decía a sí misma. Se detuvo frente al banco de Carolina.
    —Mi madre le ha enviado esto —dijo la pequeña, entregándole una caja con chocolates.
    . «Es porque soy una gran maestra».

    2…Los alumnos se sentaban de acuerdo con su promedio, siendo Tania, la última de la fila del rincón.
    —¿Qué es esto? —la docente dejó salir su molestia por la voz. Respiró. El cascarón de huevo tenía dibujados algunos animales de la selva y pintados con colores de palo —¡Esto no es una maqueta!
    —Es que, mi papá no tenía para…
    —Siempre con tus excusas —la mirada de la maestra se dirigió hacia los pies de la niña —¡y mira nada más esos zapatos!, no podrían estar más sucios. ¿Tampoco tiene para comprarte grasa?
    «De tal padre, tal hija. Lo bueno que tiene una gran maestra, ya la corregiré».

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    1. Uy, soy maestra y no pude evitar aceptar que es un campo fértil para un narrador indigno de confianza. Me hubiera gustado que en el segundo párrafo Tania narrara el suceso con su versión de la realidad. Quise abrazarla…Felicidades por tu pulcritud, se nota que eres editor. Gracias por el compartir.

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    2. Me gustó mucho el contraste que hiciste aquí, y qué tristeza sentí al llegar al final, porque me parece que tus personajes bien podrían encajar en cualquier escuela de México, y porque de hecho es la realidad que varios conocidos han pasado. Así que creo que hiciste un buen uso de los personajes y los diálogos suenen verosímiles.

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  7. Retorno.

    ¿Dónde te habrás metido, Trini? Llevo ya una hora esperándote afuera de la tienda y no apareces. Hasta dónde mi memoria alcanza, jamás has llegado tarde por mí. Ya es suficiente tener que aguantar las miradas juiciosas de los otros vendedores de la cuadra, como para soportarlos además sola. Tampoco respondes el teléfono, pero pienso que es porque siempre se te olvida en el departamento. Tenías que llegar a tiempo, así yo podría contarte el sueño que tuve esta noche. Debo confesarte que me molesté cuando me desperté con sobresalto y no te encontré en la cama, pero me sentí obligada a perdonarte cuando vi tu notita de disculpa, y el plato tan bonito que me preparaste de desayuno. “Veré a unos clientes. Paso por ti en la tarde, corazón”. Ay, Trini, antes de ti nadie me había cuidado con tanto esmero. Supe desde que te conocí que las cosas estarían bien, cuando tomaste mi mano y me dijiste que te gustaban mis ojos (“verdes como el color de mi sierra michoacana”, creo que fue así como me lo susurraste). Supe entonces que yo no era yo, que mi verdadero ser se hallaba escondido en un lugar que sólo tú podías ver. Han pasado muchos años desde entonces, ¡y las cosas que hemos tenido que aguantar en este tiempo! Me enseñaste a reirme de la gente que nos señalaba y no tuviste problema en tomarme bajo tu protección cuando mis padres me echaron de la casa. Si supieran esos viejos amargados que las ganancias de nuestra tiendita nos alcanzaron para comprar la camioneta y que estamos construyendo una casa más grande que la suya, se morirían de envidia. Es cierto que no nos falta nada, pero lo que más atesoro es la intimidad que hemos logrado. Sé que te parece tonto que te lo repita, no me importa que me regales cosas caras sólo que estés conmigo. Yo quisiera que no tuvieras que trabajar tanto, y me avergüenza admitir que cada que tus clientes interrumpen a media noche deseo con todas mis fuerzas que se vayan con tu competencia. Pero así son las cosas. Teníamos todo en contra y milagrosamente hemos conseguido la prosperidad. Estoy llegando a nuestro edificio, y no sé explicar porqué, pero tengo mucho miedo. De pronto me regresa a la cabeza ese sueño de anoche. Te quiero contar: soñé que entraba a nuestra recamara y me encontraba ahí a tus clientes de la otra noche. Estaban concentrados metiendo polvo en bolsitas, y supe que ese polvo eras tú. Trini, si no estás adentro, ¿qué será de mí?

    [Trinidad es la pareja de la protagonista, y aunque trabaja muy duro en su negocio, desde hace algunos años empezó a traficar drogas para aumentar sus ingresos y construir un hogar para ambas. La narradora se engaña así misma, y parte de su mentira se apoya en que Trinidad nunca la ha incluido en estas operaciones. Hay otro elemento de auto-engaño aquí, porque la narradora no quiere admitir en la mayor parte del texto que Trinidad podría no volver. A modo de aviso, quisiera mencionar que Trinidad sí existió, al igual que su pareja (aunque a ella jamás la conocí). También fue desaparecida por el narcotráfico, aunque la frecuencia de esos crímenes en la región hizo que pasara desapercibido y no mereciera ni una nota en algún periódico.]

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  8. Yolanda Loredo
    correo: yclym@hotmail.com

    Narrador indigno de confianza:

    El pastor era quien abría el templo todos los domingos. Hacía la limpieza, incluidos los baños, bancas, pisos y salones. En el altar colocaba las cajas de kleenex, abiertas y con un pañuelo listo para los feligreses. Pensaba en las lágrimas que, con seguridad, derramarían quienes confían que todas sus faltas serán purificadas.
    Antes de iniciar el culto, el pastor, se lava las manos con tal esmero que bien podría entrar a dar servicio en una sala de operaciones. Toma su lugar detrás de un atril cubierto por una manta blanca, impecable tal y como luce el pastor portando su mejor traje. Da inicio con el sermón dominical.

    Al poco rato de haber iniciado, el pastor empieza a sudar abundantemente. Los hermanos le arriman de inmediato sus pañuelos o papel de baño para que seque su sudor. Él, con humildad, les agradece: hermanos, gracias, pero es que trabajar para la obra del Señor me produce mucha emoción que hasta me hace sudar. Pero no importa el sudor hermanos, esto lo hago con gusto para la honra y gloria del señor. Sonríe feliz, de su labor, de su entrega desinteresada.

    Narración con realidad objetiva:

    El pastor ha terminado su servicio dominical, por fortuna este día todos sus hijos y esposa lo han acompañado al templo. Al llegar a casa procura que entren todos, él al final, así se asegura que la puerta quede bien cerrada. Todas las puertas de su casa tienen doble chapa. Satisfecho del sermón de hoy se quita los zapatos y se tira sobre el sillón y les grita a sus hijos que le traigan el ventilador más grande porque no soporta el calor. Al poco rato su esposa le llama para comer, se sienta y empieza primero que todos, son tales los ruidos que produce al comer que a sus hijos más pequeños les provoca risa, a los mayores asco. Su esposa, indiferente, le retira los platos conforme termina. Al terminar, agarra un palillo de dientes y frente al televisor comienza a escupir cuantos rastros de comida tiene entre los dientes. Avisa a su esposa que va a dormirse un rato porque está muy fatigado. Ahora duerme tranquilamente, mientras recuerda la cantidad de dinero que ha recolectado este día y que le asegurará una semana tranquila, sin preocupaciones.

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  9. 1.
    Entraban y salían de la pequeña oficina del palacio municipal con la esperanza de poder entrevistarse con Almira, la alcaldesa.
    Era la primera mujer en ocupar un cargo tan importante en el pueblo de Cien Fuegos. Siempre quiso llegar a ser la máxima autoridad porque aprendió de su padre el valor de la perseverancia y, lo más importante, que una mujer podía llegar a hacer lo mismo que un hombre: trabajar el campo, ir a la escuela, tener cargos de autoridad. ¡Ah! Pero eso sí, jamás faltarle al respeto al marido y a la familia, andar emborrachándose o guardarse el dinero del pueblo para construirse una casa con lujos, como era la costumbre en aquel pueblo enclavado en la montaña. – Eso jamás, la honestidad es el valor más grande que tengo, lo más sagrado- ostentaba decir cada que había oportunidad. Como en aquella ocasión en que la entrevistó un periodista de la ciudad y al que le dio santo y seña de cómo se administraban los recursos del pueblo, de las muchas obras que había concluido, sobre todo, de la remodelación del edificio del palacio municipal y la fuente que se colocó – para darle más vida al parque-. Se notaban los cambios que había hecho, el pueblo se tornaba más colorido, más alegre, mucho más moderno, aunque no se comparara con esas plazas de la ciudad en donde el jolgorio de los domingos resonaba entre las calles como un eco que se acompañaba de gritos y risas de los niños jugando. Pero se notaba el cambio porque los presidentes de antes sólo se emborrachaban y se robaban el dinero del pueblo – nunca hicieron nada-, dijo Almira al periodista. En cambio, ella estaba marcando una diferencia.

    Tan afanoso cargo como el que poseía Almira nunca daba tregua para el descanso. Entre reuniones de cabildo, revisiones de presupuesto para concluir las obras públicas y las salidas constantes a la ciudad donde solicitaba apoyos de servicios que mejorarían la vida de la gente, el tiempo parecía esfumársele como la neblina que se levanta al arreciar el sol entre las montañas que rodeaban a Cien Fuegos. Aun con tantas tareas, Almira se las arreglaba para ver a su familia e ir a la iglesia por las tardes, la iglesia era de suma importancia para ella -hay que darle tiempo a la oración, dar gracias y pedir por lo que vendrá a nuestro gran líder espiritual- decía en referencia al ritual que practicaba todos los días en la iglesia de La Hermandad de la Luz Final.

    2.
    En la comunidad de El Hilite comenzaron a juntarse los vecinos frente al tanque de agua. Era un sábado del mes de marzo, ya entrada la primavera. Las campanas de la iglesia anunciaban las nueve de la mañana y el sol ya quemaba la piel como leña ardiente de un fogón de cocina. Los vecinos esperaban a la presidenta municipal Almira y sus acompañantes, quienes ya venían retrasados en tiempo. Ante tal demora Macaria espetó -no le importa llegar a tiempo porque no somos como ella, no le importamos-, otros vecinos secundaron su comentario con frases de enojo hacia la impuntualidad de Almira que sonaban al unísono como zumbidos de abejas.
    Se esperaba que en la reunión se llegara a un acuerdo para que se respetara el agua de la comunidad como era ya una regla conocida por todos en el pueblo –cada quien tiene su tanque de agua, debemos respetar el agua y cada cuándo vamos a tomarla-. Almira con aire impaciente escuchó algunos de los comentarios y quejas que hacían los vecinos. Su sobrino, Toño, había irrumpido la tarde del jueves en el pozo de agua de El Hilite. Montados en su camioneta pickup llevaba unos tambos de plástico con los que tomó agua sin consentimiento de los vecinos, motivo por el que se generó la disputa. Para Almira esto no era un problema, sus familiares y trabajadores de confianza, tenían derecho a hacer lo que les pareciera correcto, tenían su aprobación –al fin y al cabo, no dejan de ser indios y cómo indios hay que mostrarles quién es la autoridad- pensaba. Ante las discusiones generadas y la falta de escucha de Almira, ésta finalmente sentenció –para que aprendan, les digo que a partir de ahora se cancela el apoyo de alimentos en las escuelas de El Hilite y los apoyos a las mujeres-. Fastidiada, se abrió paso entre el grupo de vecinos y se dirigió hacia su camioneta Lobo junto a sus acompañantes para retirarse por completo. Una vez en el interior del automóvil dijo a su secretario – lo único que quiero es ayudar a la gente, pero hay que educar más a los indios-.

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